11/12/2009



Fui  al cuarto de baño, me miré  al espejo. Busqué en mi reflejo.
Despacio .Como cuando uno se mira  y no se halla.
 Fui a ese lugar,  para pasar a la que llaman la otra…
Quise cruzar el umbral.
Me voy…
Me voy…
Me marcho lentamente.
Es un proceso gradual.
La vastedad de un instante me valía para  acabar de escapar.
 De repente se encendieron  soles enormes en el techo de mi habitación destartalada, cutre.
 Me quedé mirándolos absorto. Me quedé mirando su luz y sus formas enormes,  para nada circunspectas.
Mi madre dormía en la otra habitación.
El reloj de la cocina marcaba las tres en punto de la mañana.
 Había cruzado el umbral.
Desaparezco. Los soles alumbran mi cara en la otra cara del espejo, disfruto de esta realidad infinita
Sonrío aplacado...
No sé volver.
De repente  algo contrae mis músculos.
 Mi cuerpo entero se vuelve rígido,
Los soles desaparecen como humo. Ya no siento su calor.
 La oscuridad rodea todo lo que me envuelve. Tengo un frío terrible.
 El espejo se rompe en mil pedazos.
Siento miedo.
 Pero ya no sé  como volver.
Había pasado lo que ocurre cuando  cruzas a la otra realidad.
El cable de acero que me sujetaba, se había partido.

09/12/2009


Siento esta ciudad desde la montaña
que baja  hasta el puerto de la Barceloneta
como algo que mastico amargo en la saliva.
En las calles levantadas,
explotadas
 de cuajo  de sus entrañas.
Heridas sangrantes,
hierros,
esqueletos  forjados de óxido,
cemento armado gris
frío al contacto.
Parapetado por plásticos verdes deshilachados,
con rotos por los que los que se cuelan
el viento y los ojos.
Ciudad mutante. Viene vestida de vasija de mecano
Plástica y cambiante.
Ciudad aire. Se vacía en las noches insomnes
de ruidos aletargados y despierta con
atascos,
 algarabías circundantes y frenazos.
Atisbo un cielo que derrama su lamento
sin apenas una nube.
Casi no llueve en este amasijo de edificios,
entramados poliédricos de calles, plazoletas ;
parques urdidos como urbe,
Ya no llueve, casi ya  no llueve
                    En esta ciudad. Yerta.
Todo huele  a polvo,
 a tierra muerta.
presiento esta ciudad cansada
 respira
dolida
de tanto paso del tiempo
cubierta en su piel de heridas
mal cicatrizadas,
son gaviotas al vuelo.

04/12/2009

Universos Paralelos


No sé por qué pero de algún modo su presencia, la de Hades, me referiré a él de este modo, con este nombre, con el propósito de guardar su verdadera identidad, nunca me ha abandonado del todo. Su universo, enorme y preciso, creo que nunca se llegó a separar del mío desde que nos conocimos hace mucho tiempo.
Debería explicar esta historia desde el principio. Pero no me gustaron del todo los principios. No me gustan las personas que se presentan bajo unos principios muy definidos.  por lo general  suelen ser gente muy dogmáticas, no sé, prefiero otro tipo de personas.
A veces leo libros cuyos principios aborrezco y luego como por arte de magia! me resultan absorbentes. Y qué decir de las películas, en las que sentada en la cine pienso, dónde te has metido??? Y te vas escurriendo en la butaca o te acabas vorazmente las palomitas en un santiamén.
Por aquellos tiempos llegó Primavera, se posó en forma de golondrinas que graznaban al amanecer y al atardecer furiosamente por el cielo de la urbe. Yo seguía envuelta en mi mundo cáustico. Hermético y cerrado. Gris y desencantado.Bueno, un mundo, que si he de ser sincera, raro y del cual no he conseguido salir. Creo que mantengo una vida de out-sider porque simplemente no lo soy ni en la práctica ni en un sentido normal, ni convencional. No tengo más que dos o tres amigos. No me gusta el contacto social, si puedo lo evito. Uso a mi familia, casi para nada, ya que bueno no sé para qué está.
Últimamente subsisto de un paro de mierda, de un curro que era una mierda y tomo una medicación porque dicen los médicos que estoy loca. Es decir, tengo un trastorno de personalidad o sea que estoy personalmente muy trastornada.
Me gusta el invierno, las tormentas con truenos ensordecedores y sobretodo me encanta la comida japonesa. Eso sí, me encanta el sushi y los makis. Son mi perdición.
Cuando digo que estoy loca es porque lo dicen los médicos. Yo más bien pienso que estoy tocada por la mano de algún Dios. De hecho practico el Reiki y según mi maestra puedo canalizar mucho la energía debido al alto grado de sufrimiento que padezco. Supongo que debo tener algo de mística…
Nunca me ha supuesto un problema decir que estoy personalmente trastornada a alguien muy cercano, porque hasta que Hades no sé cruzó en mi camino, no tuve razón para hacerlo.
Y las pastillas ya forman parte de mi dieta alimentaria, vienen adjuntos al plato de comida.

Decía que Primavera llegó…
Por aquel entonces vivía en el Borne barcelonés. Muy cerca de la Catedral del Mar. Ahora ese lugar se había convertido en un lugar de peregrinaje de guiris y personas variopintas que era justo lo que yo necesitaba como vecindad.
Desde la ventana de mi angosto pisito veía el mar azul, si miraba al sur y por la cocina mientras fregaba los cacharros, veía la montaña.
Una noche, de suaves temperaturas, de esas en que te pones una película de vídeo y la quitas por aburrimiento, me acerqué al ordenador arrastras. Encendí el facebook, por inercia, como quien consulta el horóscopo o el tiempo por internet, vi que alguien se me había agregado a la cuenta y me escribía:
-Hola Lula doce años con sus doce veranos en Menorca, te acuerdas de mí y las lunas locas de Agosto?
No sabía de quién se trataba al principio y pensé en no responder. Siempre he pensado en borrar mi cuenta del facebook aunque nunca lo he hecho.
Pero enseguida caí! Claro era Hades!
Había pasado casi 13 años. De los veranos tibios de Menorca en casa de mis padres. De las playas de arena blanca, el mar puro turquesa transparente, como si fuese una piscina.
-Hay universos que están predestinados. Que permanecen en bucles eternos. Que están predestinados a volver a encontrarse.
Esto naturalmente vino después de al menos hora y media de estar chateando por el ordenador.
-Dónde vives. Aún vives en Barcelona? Dónde vives Lula?
-Vivo en Barcelona Hades, en el Borne..

-Me bajo, Lula, vivo en Altafulla.
-Pero enseguida cojo el coche y me bajo espérame.
De esa noche recuerdo nuestros cuerpos unidos. La inocencia del Amor que descubre a dos amantes por primera vez. El erotismo. El cuerpo desnudo de Hades yacía sobre las sábanas que brillaban como seda recién lavada. Sus ojos brillantes diciéndome ven aquí y las embestidas animales sobre mí. Mis pechos erizados.
Después nos quedamos un rato en la cama. Mirando el techo de biga descubierta de la habitación.
-He pensado en ti muchas lunas llenas de verano Lula.
En Menorca, cuando dejaste de venir…
-Lo sé, mi vida ha cambiado mucho, Hades, no soy la misma de cuando teníamos 17 años.
Mi vida ha cambiado. Sólo te puedo decir que no soy la chica que tú conociste.

- Hay universos que están predestinados. Que permanecen en bucles eternos. Que están predestinados a volver a encontrarse.
-Escucha Lula hay algo que no te he contado…
Le miré a los ojos. De pronto su mirada había perdido todo su brillo. Toda su luz.
Una gasa se había interpuesto entre nosotros.
-Lula…, escucha es importante…, escúchame…
-xisssst..

Después de aquella noche me pareció que recuperé parte de mi alegría y las ganas reírme más.
Volvía a comprar flores y canturreaba al llegar a casa. Había recuperado la luz que le faltaba a mi vida.
Tenía el móvil de Hades y al cabo de cuatro días le llamé pero saltó el buzón de voz.
Le envié mails y le volví a llamar pero no obtuve respuesta. Ni siquiera en los dos meses siguientes.
Algo en mí me dijo que iba mal. Intuía a Hades le había ocurrido algo.
A decir verdad, si llego a saber que cuando Hades salió por la puerta iba a ser la última vez que lo iba a ver, no lo hubiese dejado escapar, aun sabiendo lo que pasaba.
Me puse en contacto con Mireia, una amiga íntima de Hades.
Y me contó que Hades había muerto.
Hades estaba enfermo desde hacía seis meses. Tenía un linfoma ”no Hodking”, un tipo de cáncer bastante chungo y raro que Hades me había ocultado.
O tal vez, era lo que me quería explicar aquella noche y yo no le dejé.
Hay universos que están predestinados. Que permanecen en bucles eternos. Que están predestinados a volver a encontrarse
Creo que siempre llevaré a Hades conmigo y en otra vida y en mi muerte seremos uno. Pero ese día su universo y el mío se quebraron de pronto como una copa de cristal. El recuerdo de su cara que se me van desdibujando, sus ojos, sus dientes. Su pelo negro y algo enmarañado. Su voz, cálida y pausada que me susurraba al oído cosas bonitas…
Cuando me pongo el juego de sabanas en las que hicimos en el amor aún le presiento. Como si estuviese entre dos mundos.
Me repito una y otra vez porqué le dejé marchar aquella noche. Porqué tuvo que durar tan poco esa historia. Nuestra gran historia grande y particular.
No borré la cuenta del Facebook. Como decía la uso poco. Y aun tengo agregado a Hades como amigo.

02/12/2009


Espero. Espero.
Espero una respuesta por teléfono.
La ida
Metro doliente que serpentea por las entrañas de la ciudad, en la oscuridad, atestado de gente enchufados a sus” mp3”, a sus “blackberry”, leyendo el “metro”y el "veinte minutos" Yo, dolido. Ausencia. Vacío en el estómago. Me apoyo para no caer con los zarandeos en la barandilla metálica de la plataforma .Está fría y rallada.
Le compro un palestino a un “paqui “en la calle. Por fin hace algo de frío. Miro al cielo que se presiente entre los plataneros del Eixample.
Mientras vuelve a mi mente imágenes de la consulta aséptica iluminadas con tubos blancos de neón.
El pinchazo. Hiriente que succiona unos mililitros de mi sangre roja y espesa en tubos de plástico.
Siete días. Con sus veinte cuatro horas. Sus minutos y sus segundos infinitesimales que han recorrido cada parte de mi cuerpo, de mis pies, mi tronco, mis costillas, mis huesos, mis ojos,
mi mente.
Espero. Espero. Espero una respuesta por teléfono que no consigo. Un volante lleno de garabatos.
Llamo. El médico no se encuentra. Pruebe mas tarde.
Vuelvo a llamar.
No ha llegado.
Me voy a la ducha. Tardo nueve minutos 38 segundos. Demasiada rápida.
Jordi : estás ansioso.
Las probabilidades de infección son bajas. Autoconvencimiento.
Vuelvo a llamar. Me he fumado doce cigarrillos. Esta noche pasada he dormido siete horas y media.
Ansiedad.
Vuelvo a llamar.
Un contestador:
Nuestro horario de atención telefónica es de ocho a diez y de una a tres.

Opto por encender el ordenador y escribir.

Espero. Espero. Espero una respuesta por teléfono







Vídeo precioso de Sigur Rós...

29/11/2009



Siempre a la misma hora,  la que marcaban todos los relojes.
Se sucedían en días de otoño anormalmente cálidos, al salir del taller de jardinería. En Lesseps. En Esta Barcelona rara, ostentosa e hipócrita.
Me encontraba esa mujer. La misma mujer. Siempre a la misma a hora. Semana tras semana.
Encorvada, harapienta, sucia, con un vestido negro y descalza. Con un letrero que rezaba que estaba enferma.
Y que necesitaba dinero, algo  para llevarse  a la boca. Hacía gestos autómatas y nerviosos
Y cuando un transeúnte se le acercaba  y le echaba unos céntimos le agradecía con un gracias en una lengua balcánica poco audible.
Generalmente  yo me despedía del monitor de jardinería un poco antes de la boca del metro de la línea tres que él coge. Yo por el contrario suelo coger el número 22 del autobús en Gran de Gracia, allí un poco antes es donde veo a la mujer.
No sé por qué y me siento mal conmigo mismo, nunca le dado ni un céntimo a esa mujer.
A veces he sentido el impulso de rebuscar en los bolsillos, en la cartera por unas monedas, pero o me ponía a andar rápido o me concentraba en un detalle de un edificio  o me enchufaba la música del mp3, uniéndome así a  la hipocresía que tanto me molesta de Barcelona .
Pero semana tras semana se repetía la escena. La misma mujer, siempre a la misma hora, la que marcaba todos los relojes.

26/11/2009

AUSENCIA


Cuando alguien se va, cuando alguien se muere deja un hueco en este mundo, deja un vacío.
Deja un resquicio en las mentes de las personas que tal vez no la olviden con el inexorable paso de los días, los meses y los años que sepultan el recuerdo de la persona que ha muerto.
Pero yo me quería ocupar en esta ocasión de las cosas materiales que una persona al fallecer, cuando de repente, deja de ser mortal y ya no está entre nosotros, abandona en este mundo.
Ayer, en la cama antes de ir a dormir estaba yo jugueteando con mi cadena de oro entre mis dedos en la que llevo la virgen de Covadonga, una cruz, un amuleto y otras bagatelas varias y me puse a reflexionar acerca de la muerte y más concretamente sobre que se harían con mis objetos personales una vez haya muerto pues no creo que tenga hijos  y entonces pensé mas allá y me puse a divagar sobre  todas las personas que fallecen por ejemplo de cáncer o de sida. O de otras cosas por que no. Y pensé anoche: A quién dejar mis pocas pertenencias?
Cuando mueren las personas sus casas permanecen huérfanas .Muebles que ya no harán la función de muebles, televisores que  no se encenderán, al menos  con ese dueño y se quedaran con la pantalla muda y grisácea. Fotografías que en el peor de los casos se llenarán de polvo y lo más seguro es que acaben en un conteiner. Neveras que no tendrán alimentos que enfriar.
Cantidades ingentes de ropa que se amontan en los armarios esperando a una persona que se ha evaporado y una casa cuyas paredes ya no escuchan ni risas, ni conversas ni nada. Y lo más seguro es que en unos meses vuelvan a estar llenas de vida con nuevos inquilinos.
Es como si a todo le faltase la tercera persona  del verbo. A él.
Al que ya no está. Al que ya se ha ido:
 Lentamente,
 o corriendo..

24/11/2009




"EL FRACASO ES FORMAR HABITOS" de De Profundis.

Las emociones y los pensamientos penden de mi mente como las hojas caducas de los pobres árboles barceloneses que no salen de su asombro, con este noviembre que se está comportando extraordinariamente cálido y monótono. Me gusta que el frío sea tan intenso  que se me clave con cien agujas en la piel y que la lluvia arrecie como un lamento lánguido por toda la ciudad bañándola en charcos metálicos y que las calles amanezcan desiertas, heladas. Disfruto con los termómetros a cinco u ocho grados .Y los cielos encapotados grises, con una luz ambiental de esas que te hace aguzar los sentidos. Debería haber nacido en Portishead y escuchar a Beth Gibbons y empaparme aun más si cabe de un halito especial de color violeta o azulado, triste y de aires desencantados.
Por qué los libros que leo no sé sí es por inercia o por divino poder del destino están envueltos en personajes que les corroe la culpa, son tullidos o les ocurren mil y una desgracias. Y no me desagrada porque me identifico con esto o lo otro de ellos. Son como una especie de abrigo.
Digo que las emociones caen lentamente de mi mente o tal vez los pensamientos porque he puesto el “stand by” al cursor de mi vida. Todos se resume a volutas de humo de un cigarro, espeso e inabarcable.  A veces no sé donde quiero ir y me muevo como un juguete que va a cuerda. Y lo achaco al trastorno límite de personalidad que tengo.  Y yo solo por defecto me autocompadezco y me convierto EN MAS ENFERMO de lo que soy. A veces me voy por los laterales de Ramblas y miro los escaparates de las tiendas de los guiris y me fijo atentamente en las camisetas con slogans alusivos de sexo rudimentario, de bromas estúpidas o en los bares en las que te invitan a tres tapas y una copa de vino por 10euros y casi te entran a ostias para adentro para que pagues
Yo o voy oyendo algo de Yan Tiersenn que ameniza la escena o tal vez no oiga nada de música. Después es probable que entre en Ramblas, que me arrastre el gentío que baja o sube como un río por la calle e incremente mi irritabilidad.
La paciente nº24 dice en su blog : "cuidado con la tristeza por que es un vicio". Yo concluyo esta anatomía de este momento mío tan íntimo contando que un día leyendo el de Profundis de Wilde, decía algo así como que los vicios o los hábitos destruían al ser humano. Creo firmemente que Oscar Wilde llevaba razón.